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La Coctelera

abuelo

14 Noviembre 2008

Madrid, cómo un Ayuntamiento hace el ridículo

Madrid no es una caja de sorpresas. Madrid es un caos. Mendigos tirados por las calles más céntricas, o acostados con sus colchones y pertenencias en cualquier lugar por poco que esté protegido de la lluvia (a la puerta del Círculo Catalán, en la Plaza de España, por ejemplo). Cualquier poste o árbol o señal de circulación lleno de pegatinas en las que se ofrece de todo: desde señora seria a clases de japonés o reformas a precio fijo por profesionales contrastados (muchas veces, en prácticas, en el mejor de los casos).

Igualmente están llenos de pegatinas los paneles de anuncios colocados en las diferentes calles por el Ayuntamiento y las paradas de autobuses.

Personas repartiendo folletos, que se tiran al suelo inmediatamente después. Las puertas de los edificios de oficinas llenas de colillas.

De todo esto, parece que lo que más preocupa al Ayuntamiento de Madrid son los hombres anuncio. Lo considera una profesión denigrante. Tal vez una profesión que ensucia la ciudad y su espléndida imagen de suciedad multicultural.

Al mismo tiempo, el Ayuntamiento amenaza con multas a los que no separen debidamente los resíduos. Pero no se ocupa de vaciar las papeleres, los contenedores de resíduos, rodeados siempre de cajas de cartón abandonadas. Como no se preocupa tampoco de las innumerables bolsas de basura y de escombros depositadas en cualquier sitio visible, sobre todo en el centro de la ciudad.

Pero, bueno. ¿Es que, con sus lujosos coches, el Alcalde y sus concejales no se atreven a pisar la calle y a comprobar lo que es hoy en día la ciudad real, que ellos están contribuyendo a empeorar?

Se aplican las tarifas del control de aparcamientos. Pero no se controlan los innumerables vehículos (coches, motos, camiones de reparto) que ocupan las aceras, los pasos de cebra, las entradas a los garajes, impidiendo el normal desenvolvimiento de la vida de los habitantes de esta ciudad.

Se impide el paso por el Paseo de Camoens los sábados, domingos y festivos. Pero no se controlan los vehículos que, parados en lugares indebidos o en doble fila, atascan el Paseo de Rosales, que es el itinerario alternativo. Como tampoco se controla que se hagan barbacoas en el Parque del Oeste o junto a la cancha de juego que hay cercana al Paseo de Camoens.

Los mejores chistes y las payasadas más divertidas se basan, casi siempre, en la incoherencia de las actuaciones. Como en el Ayuntamiento de Madrid. Lo de arriba es solo una muestra.

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