El reglamento de fútbol: interpretación
Como todo el mundo sabe, hay un Reglamento de Fútbol. Sirve para que las diferentes competiciones se desarrollen de manera homogéna.
Lo aplican, ¡ay!, los árbitros. Cuya vida profesional y económica depende del Trío Calaveras (Villar, Arminio, Negreira). Sin que nadie tenga la menor idea de valoraciones, criterios de valoración, decisiones sobre los árbitros, asignaciones de partidos. Y en ello cada árbitro se juega mucho dinero a lo largo de su carrera. Como es natural, los árbitros (salvo algún empacho de dignidad que alguno de ellos tiene de vez en cuando y que suele llevarle a abandonar el arbitraje al final de la batalla) tratan de agradar a quien les manda y les remunera. Interpretando el citado reglamento en cada caso.
Creo que era Romanones el que dijo que "a los amigos, el culo; a los enemigos, por el culo;y a los indiferentes la legislación vigente". Traducido a la aplicación del reglamento en las competiciones futbolísticas, el amigo es obviamente el Barcelona (más que un club), el enemigo es el Madrid y los demás son indiferentes, con algún leve guiño al Bilbao de cuando en cuando.
La situación este año es particularmente escandalosa. El Barcelona lleva un montón de puntos de ventaja, está jugando de fábula. El Madrid es un desastre. Pero esto ya sucedió hace dos temporadas, el Trío Calaveras se durmió en los laureles, la providencia se opuso notoriamente en la penúltima jornada (recuerden, Barcelona-Español y Zaragoza-Madrid, con goles a favor de Barcelona y Zaragoza con toda la ilegalidad del mundo), y el Madrid ganó la Liga a pesar de los villares.
Esto no puede volver a suceder. El Barcelona lleva ganados en este momento 13 villares (un villar es un punto regalado por los árbitros) y Madrid lleva 7 villares en contra). Hay que seguir así, es el camino.
Ejemplo más reciente: el partido Barcelona-Mallorca. No solo el gol de la victoria fue ilegal. Antes, el árbitro consintió a Márquez toda clase de desmanes, a Alves que diera una patada por la espalda a Nunes sin balón y fuera del campo, a todos los jugadores del Barcelona que le toquetearan y masajearan cuando veían que no les regalaba el partido. En esto fue particularmente interesante la actividad de Xavi. En uno de los momentos en que perseguía al árbitro por todo el campo (después de no expulsar a Márquez, cuando se le arremolinaron todos encima), leyendo en la distancia sus labios, parecía decirle: "macho, que no ganamos el partido y te la estás jugando". O tal vez no.
La prensa adicta contribuye lo suyo. Lean la crónica de El Mundo el día siguiente a este partido o al Barcelona-Madrid. Dos comentarios fundamentales: el Madrid hizo un planteamiento pobre y hay que proteger a Messi.
Nada de que al Barcelona le pitaron un penalty que lo era, porque Busquets se lanzó encima de Salgado y continuó con un piscinazo estilo sacacorchos (un tío tan alto!). Nada de que el gol de Eto'o debió ser anulado porque Puyol se subió encima de los hombros de Ramos para saltar. Nada de que Márquez debió ir a la calle ya en el primer tiempo. Nada de que Puyol debió ir a la calle por varias agresiones, en particular una en que agarró por el cuello a Salgado hasta casi estrangularlo.
Nada de que a Messi le hicieron realmente dos faltas (Guti y Sneijder y porque le pilló de sorpresa) y lo otro fue tirarse. Nada de que a Drenthe (al que no hay que proteger) le hicieron nueve faltas (dándole hasta en el cielo de la boca) de las que el árbitro pitó cinco.
No hay que proteger a Gago, al que patearon a conciencia Senna y Eguren, desquiciados, el día del Villarreal, limitándose el árbitro a sacar una tarjeta a cada uno cuando las faltas eran ya de código penal.
La transmisión de partidos por televisión les está haciendo un daño enorme, porque la gente empieza a ver lo que realmente pasa y el sectarismo acaba transformándose. A pesar de comentaristas como Salinas (qué poca idea de fútbol!), Valdano (qué manera de decir a todo que sí para asegurarse el sueldo!) y tantos otros que se van dejando girones de la escasa gloria que les queda por algunos espacios deportivos.
Señores, esto es lo que hay. Unanle una enorme cantidad de inútiles: directivos, abogados, secretarios técnicos, entrenadores y demás. Y por ahí se acabará despeñando el fútbol a pesar del balón de oxígeno que ha sido la Eurocopa, esta vez sí, brillantemente ganada.
