Madrid, ciudad anuncio callejero
La preocupación del Gallardón por los hombres anuncio no le ha dejado fijarse en el embellecimiento de toda la ciudad con anuncios pegados o sujetas con cello en todas las paredes, las farolas, las señales de tráfico, los paneles de anuncios. Una cosa bonita de ciudad: chica ...ana se ofrece para ...; pinto todo barato; clases de japonés, de guitarra, de baile minino, de ... ¡Qué emoción! Está todo tan sucio por esta invasión que han tenido que empezar a pintar de nuevo algunas farolas (véase Plaza de Cuzco), que ya están sucias de nuevo.
¿Por qué se persigue a los coches que llevan dentro un anuncio de "se vende", o a los hombres anuncio no autorizados con póliza de 3 pesetas? ¿Por qué no se emplea la misma energía para perseguir a los que encerdan la ciudad con esas pegatinas (o hacen sus necesidades de todo orden en medio de la calle)? ¿Es que éstos reciclan bien?
Claro que es mucho más fácil cazarle a uno en su Banco, con la ayuda de Hacienda y del BOE, que perseguir a los delincuentes ambientales de los que solo se conoce el número de teléfono o el olor de sus cacas.
¿Para eso queremos tantos funcionarios?
Resulta que los únicos que se ocupan de arrancar los carteles son los ciudadanos miembros de la "Asociación de madrileños profundamente cabreados con el Alcalde". Somos muchos, pero insuficientes. Por cierto, ¿no debía intervenir también la Policía de Tráfico cuando los anuncios tapan las señales de tráfico? Así ha habido una durante semanas en el principio de la calle de la Princesa, acera de los impares.
¡Qué mundo tan feliz!
